Lola López tiene 55 años y es de Terrassa. “Desde que nací quería ser bailarina o actriz, pero a los seis meses contraje el virus de la polio”, arranca ella su biografía. Es el comienzo de una historia con una infancia en la que su madre le decía que no tenían dinero como excusa para no llevarla a la academia de ballet en la que no la hubieran admitido; en la que en el Institut del Teatre de Cataluña, cuando tenía 18 años, la animaron a no presentar siquiera su solicitud de acceso y en la que entonces se olvidó definitivamente de su sueño y se dedicó al magisterio. Una historia en la que con 40 años empeoraron las secuelas de la enfermedad, se redujo su movilidad, la prejubilaron, se deprimió y cuando salía por fin de aquel túnel oscuro falleció su marido Paco. Leer reportaje completo