Francisco Correa nunca fue don Vito. Nadie lo llamaba así. Tampoco pidió que lo hicieran. Ese apodo con el que se le conoce fue una casualidad. Aquel día su contable, José Luis Izquierdo, condenado también en el caso Gürtel, necesitaba completar la casilla de las cuentas que anotaba. “¿Y qué pongo? ¿A quién digo que va este dinero?”, preguntó en la oficina principal de Correa, en la madrileña calle Serrano. “¡Pon lo que quieras! Pon don Vito”, le respondió Correa. E Izquierdo, sumiso, lo puso. Fue una broma, pero él siguió anotando aquel nombre en la contabilidad paralela, los pagos que salían de la caja B, la que sustenta el caso Gürtel que a finales de mayo en la Audiencia Nacional tuvo el desenlace más potente del proceso con el premio más gordo para él: 51 años de cárcel. Leer reportaje