Se llama Grepy y tiene 12 años. Aún le faltan dos para convertirse en un macho adulto. Para atraer a las hembras con ese grito que le brotará de la garganta y tener relaciones sexuales. Ya ha superado esa otra edad en la que dependía de su madre. Pero Grepy se mueve hoy en el interior de una jaula. Huye y se hace un ovillo cuando detecta la visita. Reacciona a su olfato cuando nos huele y a su oído con el clic de nuestra cámara de fotos. Sus ojos son como canicas. Está ciego desde que lo encontraron en la orilla del río Mangkutup, en la región central de Kalimantán, como se llama la parte de Indonesia, la mayoritaria, de la descomunal isla de Borneo en el Sudeste asiático. Tenía la nariz rota, heridas de perdigones en el pecho y le sangraba el ojo izquierdo. No se sabe quién lo atacó. Probablemente los trabajadores de una zona de tala ilegal. Ahora se recupera en el centro de rescate de orangutanes en Nyaru Menteng de la fundación Borneo Orangutan Survival (BOS). Allí han curado ya sus heridas físicas y continúan tratando las psicológicas. Aunque nunca podrá ya volver a vivir en libertad. Leer reportaje