“A los extranjeros que venís aquí os debería tratar como lo mejor”. El guitarrista José Ignacio Franco se dirige en su academia, en Jerez, a Calixto Li, de Taiwán uno de sus alumnos. “Tenemos que aprender mucho de vosotros, porque sois más trabajadores, más constantes y muchas veces también más educados. Además conocéis el flamenco y lo amáis. Más incluso que en la mayor parte de España. Y de eso también tenemos que aprender”, añade. Calixto lo mira silencioso. Tiene 41 años y adora el flamenco. Confiesa que no recuerda bien dónde lo escuchó por primera vez, que debió de ser en alguna película. Pero que desde ese momento quiso cantar así. Que estaba harto de las canciones populares de amor y aquello le abrió la puerta a otra dimensión. Después se pasó a la guitarra y lleva ya casi 20 años tocándola. Entre 2002 y 2009 vivió en Granada y Sevilla y ahora ha vuelto para pasar un año en Jerez y seguir aprendiendo. “La cosa más bonita es saber sin preguntar”, dice él, citando la letra de una soleá, para referirse a cómo ha ido aprendiendo y sigue haciéndolo mirando mucho y escuchando aún más. De vuelta a su país da clases de palmas, de compás y de guitarra, porque explica que él quiere que exista un ambiente flamenco allí pero que para eso, primero, debe enseñar y compartir lo que se lleva de aquí. Leer reportaje completo