El mundo está dividido en dos tipos de personas. Por un lado está Sidney Waterman, el mago de cuarta al que interpreta Woody Allen en Scoop (2006). Por el otro, el resto. En una escena del filme, sentado en una cafetería frente a una aprendiz de periodista, Waterman se congratula de poder pedir todo lo que quiera para comer: “¿Lo ves? Yo nunca engordo ni un gramo: mi ansiedad funciona como hacer aeróbic”. Si no es usted Waterman, probablemente no vea el aspecto positivo de sufrir ansiedad. Y eso que, más allá de ser esa herramienta para mantener la línea, sí que lo tiene. Es el arma que posee nuestro organismo para estar alerta ante cualquier posible peligro. Para, como dicen los ingleses, fight or flight. Luchar o huir. La comunicación que desde la amígdala, en el cerebro, se envía al resto del cuerpo -músculos en tensión, incremento del ritmo cardiaco, respiración más intensa- para que se prepare. Para sobrevivir, en definitiva. Sin ansiedad seríamos una nota a pie de página en la teoría de las especies de Darwin. Leer reportaje completo