Al guitarrista Paco Soto (Águilas, Murcia, 1991) se le apareció Camarón en una gasolinera. Tenía diez años y viajaba con su hermano y sus padres en su Renault 21 verde oliva cuando su perro Rufo le pegó un bocado en la mano derecha. Aún tiene grabados en el dedo índice sus dientes como recuerdo. Paco lloraba y sus padres pararon en un área de servicio para curarle la herida. Para que se le pasara el berrinche, su madre le compró además un CD, el disco Autorretrato, de Camarón. Desde la portada, un retrato pintado del cantaor miraba de frente a aquel niño que ya decía entonces que sería guitarrista flamenco. Enseguida se puso el disco en el discman que le habían regalado por Navidad y se olvidó de su mano, de Rufo y del mordisco. «Encontrármelo fue como una iluminación. Para mí es como algo religioso. Alguien a quien nunca he visto, solo en imágenes, como si fuera la cara de Cristo. Porque ves una imagen suya y sabes que es él: esa cara, ese pelo… Y es algo que se lleva muy en serio. Como de “¡Coño, no me hables mal de Camarón que te reviento!”», cuenta Soto riendo. «Me quedé impresionado. Desde entonces lo escuchaba todos los días. Me pasó igual con Paco de Lucía. Para mí son como la religión que no he tenido porque mis padres son ateos, me he criado con familias cristianas y he crecido en Marruecos, en un país musulmán». Seguir leyendo