Olivia tiene 43 años, sonrisa dulce y un cuerpo menudo. Es de Morelia, en el estado mexicano de Michoacán. Allí viven sus tres hijos veinteañeros. Deja la enorme olla de pollo con arroz a fuego lento y se sienta para contar su historia, su odisea personal. El pasado 7 de febrero salió de su casa y viajó hasta Agua Prieta, en Sonora, con 5.000 dólares en el bolsillo (4.500 euros), el dinero que pagaría a los coyotes con los que, de nuevo, cruzaría el desierto que separa México, su país, de Arizona, Estados Unidos. Leer reportaje completo