Pete Vallee nació en Memphis porque no podía haber nacido en otro lugar. De pequeño cantaba en la iglesia y todos le decían que lo hacía igual que Elvis Presley. Y en Memphis hablar de Elvis es como alabar a Jesucristo. Pete aún recuerda hoy el día, cuando era un chaval, que vio a su vecino más famoso. El rey del rock atravesaba a toda pastilla las calles de la ciudad en su caravana de coches dirigiéndose a Graceland, su mansión. Pete siempre quiso cantar. Tuvo un grupo y tocaba el bajo y también cantaba. Pero su madre se empeñó en que se mudasen al estado de Washington y allá que se fueron. Y después se empeñó en que Pete debía estudiar Derecho y Pete lo hizo. Pero él lo que quería era cantar, así que dejó la carrera, encontró un trabajo y siguió cantando, aunque por pura afición, en bares y karaokes. Después se casó. Su esposa quería que se mudaran a Colorado y que Pete fuese fontanero. Pero esta vez Pete dijo que no, que qué coño, que él lo que quería era cantar. Así que se divorció de su mujer y se mudó a Las Vegas. (Seguir leyendo)