univisionSentado ante una cerveza en el moderno mercado de San Agustín, en Tucson, donde vive, Francisco Cantú no cuadra con la imagen de un agente fronterizo. Con su camisa y pantalones arremangados, su peinado cuidadosamente descuidado y su bigote, parece un joven hipster más. Pero fue durante cuatro años uno de los hombres que patrullaba el desierto de Arizona, su estado natal, donde el año pasado la patrulla detuvo a más de 64,000 personas. Cantú dejó el trabajo porque le ofrecieron una beca en Holanda para estudiar políticas de asilo, pero confiesa además que sufría pesadillas. Soñaba que disparaba a los migrantes, algo que nunca hizo, o que se encontraba cuerpos descuartizados por la mafia. (Seguir leyendo)