Esta mañana, según he abierto el correo electrónico, he encontrado dos mensajes que me han colmado de felicidad. Y no como me colman de felicidad los colmaditos que venden latas verdes frías a 55 céntimos de euro (la roja es más cara). Ha sido una felicidad mayor, mucho mayor (espero que no me lean los señores de Mahou y que duden de mi lealtad absoluta). Ha sido una felicidad por ver que se van a cumplir mis sueños y mis ambiciones, así, a la vez, dos en uno, como en los anuncios de detergentes. Pero a la vez ambos mensajes recibidos el mismo día me han situado en una encrucijada, en una duda que yo mismo, solo, no sé responderme y para la cual necesito asesoramiento exterior. Por eso escribo esta carta abierta a quién le interese, a quién la lea, preferiblemente con conocimientos en inversiones en el extranjero, un MBA de alguna universidad extranjera de escuela neoliberal de Michigan, dos idiomas más el nativo y Excel nivel profesional.

Bien, a lo que iba. El primer mensaje es muy cariñoso y eso me gusta mucho porque creo que hay que enviar los emails de forma cariñosa, que ya son bastante fríos de por sí con todas esas ofertas comerciales y todas esas facturas de Iberdrola que hay que mirar con desfibrilador al lado. Comienza diciendo “saludos a ti, amigo”, lo cual me ha hecho sentirme inmediatamente identificado. Y después la gran sorpresa. Me escribe Diouf Mouka, desde ¡Burkina Faso! Joder, que ilusión más enorme, que yo no sabía si eso estaba en Ciudad Real o en Desembarco del Rey y resulta que está en África. En el centro a la izquierda en la zona de la protuberancia y bajo el desierto. Vamos, a tomar por culo. Que yo pensaba que ahí encontrar un wifi sería como encontrar un unicornio. Mi nuevo mejor amigo Mouka me dice a mí, su amigo, porque así me llama, que tiene una oferta para mí: una transacción de 30 millones de dólares (he usado el conversor de Google y son 28,88 millones de euros, y también 2.038 millones de rupias indias, por si algún indio me lee). Y para aceptarla solo tengo que enviarle mis datos personales. Lo típico: mi nombre, mi ocupación (moderadamente ocupado, le he dicho), mi edad, mi teléfono, mi estado matrimonial (le he dicho que muy bien, porque no estoy casado) y alguna cosa más. Una oferta, como veréis, que no se puede rechazar.

En fin, que así estaba yo feliz de ver mi sueño de ser rico colmado y mi ambición de conseguirlo cuando he leído el segundo mensaje. Y aquí es donde me ha entrado la duda así de repente e incontrolable como te entran las ganas de hacer caca cuando coges frío en la tripa. Esta vez no me llama amigo, sino “Querida en Cristo”. Yo soy poco religioso, la verdad, lo reconozco, pero me gusta que la gente tenga fe y crea en cosas por muy absurdas que sean porque ya está el mundo lleno de descreídos y de hamburgueserías y que se dirijan así a mí me ha hecho ponerme a cantar Villancicos sobre el niño Jesús. El email está escrito un poco raro, pero claro, es porque me lo escribe Lina Coleman, nacida el 27 de noviembre de 1969 en Francia, aunque sí, ya lo sé, no tiene nombre muy francés. Yo creo que su madre es la francesa y que su padre debe ser yanqui y que probablemente él estaba destinado como militar en alguna base en Europa durante los años sesenta, cuando había Telón de Acero y se enviaban todo tipo de seres vivos al espacio. Lina, pobrecita, tiene un cáncer de esófago que le han diagnosticado “Expertos médicos”, porque la sanidad en Francia es muy buena. No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud, porque lo he comprobado y dice que es una de los mejores del mundo porque el Estado invierte el 11,8 por ciento de su PIB en ella.

Lina es muy sincera. Me confiesa que nunca ha vivido muy bien su vida y que nunca le importaba nadie, ni siquiera ella misma. Y que buscó como meta vital únicamente sus empresas porque ella solo quería “tener o hacer todo el dinero del mundo”. A estas altura de la confesión ya me dan solo ganas de abrazar a Lina así muy fuerte y decirle que no se preocupe, que no es tarde y que Dios sabe que en el fondo es una buena mujer y que la estará esperando en su Reino con los brazos abiertos.

Lina me escribe porque tiene disponibles 3,5 millones de dólares (3,36 millones de euros o 237,7 millones de rupias) para trabajos de caridad en mi país. Lina me dice también que no tiene buena salud pero que “Dios está vivo” (se me ha escapado un aleluya) a pesar de que su médico le ha confirmado que no puede sobrevivir a una operación. Lina me escribe a mí porque no quiere que ningún banco ni gobierno corrupto tenga su dinero si no sale con vida de la operación. Y no parece que vaya a lograrlo. Lina es una buena ciudadana y una espléndida samaritana, como veis. Cualidades ambas que la honran y que hacen que su amistad me colme de orgullo y de satisfacción en estas fechas tan entrañables. Lina me pide que la ayude a usar fielmente su dinero para cuidar a los pobres y menos privilegiados. Y yo, cuando he leído eso, inmediatamente he pensado en cuidar de mí, en que Lina sabe que lo necesito, que soy periodista y soy freelance y que no hay nadie menos privilegiado en este mundo que un periodista freelance, salvo la gente de Guantánamo, pero ahí no llegan las transferencias, o los que trabajan con Montoro.

Así que aquí estoy, martes por la mañana, dándole vueltas a la situación. Porque como contaba yo tenía la ambición de ser rico pero no soy tan ambicioso como para ser dos veces rico. Necesito asesoramiento sobre qué hacer y qué oferta aceptar de estos dos buenos amigos del extranjero que en su desesperación han acudido a mí como se acude a los oasis en las películas de desiertos, a las rebajas en los telediarios del 7 de enero o a los colmados buscando latas verdes cualquier tarde tonta. He pensado además que cuanta más ayuda y asesoramiento pueda recibir mejor será. Y que por supuesto como no soy una persona egoísta sino alguien a quien le gusta poder compartir su felicidad con el prójimo estaré dispuesto a compartir mi buena dicha y mi fortuna para que también otros puedan colmar sus sueños y sus ambiciones. Para ello, queridos amigos y queridos amigos de Cristo, dejo esta carta abierta. A quién pueda ayudarme le ruego por favor me facilite algunos datos personales:

-Nombre completo
-Edad
-Estado civil
-Dirección
-Número de cuenta corriente
-Código SWIFT
-Firma bancaria electrónica
-Grupo sanguíneo

Os agradezco de todo corazón la ayuda.

Os quiere
David