No han pasado ni diez minutos desde que atronaran los primeros acordes de la banda y ya está todo patas arriba. Desde los 14 metros de altura del escenario ha bajado Mario cantando descolgado por cables como si fuera Batman con chistera, ha brotado sobre el escenario de 30 metros una primavera inflable de plantas de plástico, han trotado dos hombres vestidos de jirafa y de cebra, de un capullo de flor blanca han nacido tres bailarinas como tres gimnastas olímpicas metidas a show-girls, una nube de humo blanco lo ha cubierto todo y el trombonista y el trompetista que un momento antes hacían rugir sus instrumentos ahora agitan el culo como si estuvieran en el Tropicana. Leer reportaje completo