La primera vez que dijo que estaba harto fue en 1997. Aun no habían pasado diez años siquiera desde que rodase ‘La jungla de cristal’, desde que se convirtiese, como escribieron entonces los críticos de cine, en ese “héroe con esa sonrisa afectada e ironía que ha ayudado a hacer de ‘Luz de luna’ un hit de la televisión”. Y eso que cuando lo dijo, en 1997, hace veinte años ya, las cosas no iban nada mal. Aquel año estrenó ‘El quinto elemento’, de Luc Besson. En ella interpretaba al taxista Korben Dallas, que en realidad era como interpretar a John McClane pero en un futuro en el que Milla Jovovich medio desnuda resultaba la pieza clave del puzzle para salvar el mundo. La película fue número uno de taquilla, recaudó 263 millones de dólares y de Willis los críticos dijeron, como Janet Maslin en The New York Times, que daba “anclaje” a un film “loco e imaginario” y que aportaba “un estilo astuto” a su personaje. “Tiene un papel que podría interpretar dormido, pero en cambio lo maneja con tensión muscular, con gracia y con una energía sardónica”, remataba el crítico. Sin embargo, Bruce Willis, la estrella que había roto por primera vez la barrera de los cinco millones de dólares de salario con ‘La jungla de cristal’, estaba harto. Harto del cine de acción. Harto de las explosiones. “Entiendo que el público las ve y le gustan, pero a mí, la verdad, me aburren”. Tan harto que dijo que no volvería a hacer películas de acción. Pero siguió. Cuatro años después volvía a decir que estaba harto. Y hace tres años lo seguía diciendo. Repetía que no volvería a rodar acción. Que le cansan esas películas. Que no le gustan. Que las hace por dinero y por ganar más dinero. Pero continúa haciéndolas. Seguir leyendo